Os dejo un microrelato creado con muchas lagrimas, pero desde la más cruda realidad.
Mamá no se esconde
Cuando le he escuchado
llegar dando golpes como siempre, he ido corriendo a esconderme. Esta vez he
cambiado de escondite porque casi siempre acaba encontrándome, y cuando lo
hace, al día siguiente no puedo ni moverme. ¿Dónde
está mi cena?, ha dicho tirando la cazadora al sillón que hay cerca del
televisor, en el que no nos deja sentarnos ni a mamá ni a mí. Mamá está en la
ducha y no creo que lo haya escuchado, hace unos minutos me dijo ponte el pijama, cielo y entró corriendo
al baño; sabe que algunos días papá tarda en dormirse y tengo que dormir en mi
escondite. Papá se enfada si cuando llega no está aseada para encerrarse con
ella en su habitación durante un rato; y ese día los golpes que le da a mamá
son más fuertes. Ella siempre me dice tranquilo,
cielo, no duelen mucho, pero sé que no es verdad, porque a mí me duelen que
te cagas. Desde donde me he escondido hoy, puedo ver la puerta del baño, y papá
la ha roto de una patada, ha sacado a mamá de la bañera agarrándola del pelo.
Le ha dicho eres una hija de puta con
suerte porque vengo muy cachondo. No sé lo que significa puta, pero se lo
dice todos los días, quizás no sea algo malo y se lo diga para que mamá no
llore tanto. Papá ha dado un portazo al entrar en la habitación que se han
movido las perchas que hay encima de mi cabeza. y sé que ha sido él porque mamá
últimamente no tiene fuerzas ni para sujetarme la mochila cuando me recoge en
el cole. Estoy escuchando mucho ruido, y es raro porque cuando se encierran en
la habitación no suelo escuchar nada. Papá acaba de decir verás como ya no te quejas más, zorra, y ha salido de la habitación
porque le he visto cruzar a la cocina. Se ha manchado la ropa de algo rojo, y
se acaba de sentar en su sillón con un botellín en la mano. A mamá ya no la
escucho, seguro que la pobre se ha quedado dormida de cansancio.
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